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UNA SOLA SALUD

Reforzando el concepto de una “una salud”, surge la urgencia de integrar la idea de “una bioseguridad”, una mirada que reconoce la interdependencia entre salud humana, animal y medioambiental. 

Por: Xuksa Kramcsak Muñoz, periodista, Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) – xuksa@ieb-chile.cl 
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Durante los últimos años, el concepto One Health -una sola salud- se ha consolidado como un enfoque fundamental para abordar los desafíos sanitarios globales, especialmente tras la pandemia de COVID-19. Su propuesta es clara: integrar la salud humana, animal y ambiental en una sola visión, reconociendo su interdependencia. Existe consenso entre instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) o la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH), en la necesidad de esta mirada; sin embargo, pese a su creciente adopción por parte de gobiernos y agencias de salud, varios expertos señalan que One Health debiera incorporar a la biodiversidad de manera más explícita, utilizando el enfoque de la bioseguridad.

Eso es lo que plantea el concepto de One Biosecurity, desarrollado por un equipo internacional de científicos y publicado en la revista BioScience. Entre los autores se encuentra el investigador chileno Aníbal Pauchard Cortés, director del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la UdeC, quien sostiene que la incorporación de este enfoque no es solo deseable, sino urgente. “El concepto de One Health está sumamente establecido y aceptado entre la comunidad científica, las instituciones, agencias de salud e incluso la población en general. Lo que aporta One Biosecurity es una dimensión extra, una capa de integración aún más profunda. Incluye no sólo a los animales y a las personas, sino también a las plantas, microorganismos, hongos patógenos y las complejas interacciones que existen en los ecosistemas. Es una mirada más holística que permite conservar estos equilibrios a largo plazo”, afirma el Dr. Pauchard.

El artículo argumenta que, aunque a veces se afirma que la bioseguridad ya forma parte de One Health, la evidencia muestra que su aplicación ha sido limitada, restringida a contextos como la higiene en granjas, la gestión de zoonosis y la seguridad en laboratorios. En cambio, el concepto propone una estructura más amplia, que garantiza que el papel de las invasiones biológicas se integre explícitamente en las estrategias de salud humana, animal, vegetal y de los ecosistemas. Además, propone aprovechar instrumentos legales y normativos ya existentes -tanto a nivel global como nacional- para maximizar los beneficios en salud pública.

Una de las innovaciones de este enfoque es que ofrece un plan de implementación a lo largo de todo el “continuo de bioseguridad”: desde el uso de herramientas de ciencia abierta para prever riesgos más allá de las fronteras, hasta la gestión de rutas internacionales de personas y mercancías, vigilancia y un trabajo más coordinado con psicólogos sociales para mejorar el cumplimiento normativo.

“Una de las cosas que me llama la atención”, señala el Dr. Pauchard, “es que el concepto de invasiones biológicas está muy claro en el ámbito académico, pero en las agencias de salud no es aún tan evidente. La relación entre salud humana e invasiones biológicas se aborda caso a caso, no como un proceso sistémico asociado a la globalización. Y eso es preocupante, porque nos dimos cuenta, incluso al escribir el informe del IPBES, de que esa desconexión persiste. Muchos países abordan cada especie invasora por separado, sin entender el fenómeno como un proceso global. Tenemos que avanzar en que la evidencia científica llegue con más fuerza a los tomadores de decisiones”, destacó.

La relación con las especies invasoras

Las invasiones biológicas no solo amenazan a especies nativas o cultivos, sino que tienen impactos directos sobre la salud humana. Muchas especies exóticas actúan como vectores de enfermedades, hospedadores de patógenos o incluso como fuentes de toxinas, alergias o venenos. El propio SARS-CoV-2, señala el artículo, puede analizarse como un ejemplo de invasión biológica, dada su introducción internacional, establecimiento a partir de focos pequeños y posterior propagación global. Y, sin embargo, los patógenos no suelen incluirse en las listas de especies invasoras ni en los planes de bioseguridad internacionales.

“Hay que entender que una especie invasora es un nuevo componente de la biodiversidad del lugar al que llega. Y eso significa que va a tener efectos, positivos y negativos, alterando funciones del ecosistema, afectando a animales, plantas, microorganismos y a nosotros mismos. Como ecólogos, nos preocupa mucho cómo estas especies interrumpen las relaciones ecológicas naturales. Y comunicar eso a la sociedad es uno de los grandes desafíos”, comenta el Dr. Pauchard.

En ese sentido, One Biosecurity no solo facilita la integración conceptual, sino también la coordinación institucional. Aunque organismos internacionales han establecido principios generales de colaboración bajo el paraguas de One Health, la gobernanza real sigue siendo fragmentada, los ministerios de salud, agricultura y medio ambiente suelen trabajar de forma aislada, lo que limita la efectividad de las políticas sanitarias. “Como país, estamos al debe. Si queremos avanzar realmente en prevención, la bioseguridad es la forma más económica y eficiente de hacerlo. Hay países como Nueva Zelanda o Australia que asumieron la bioseguridad como política de Estado, no solo institucional o sectorial. Fortalecieron sus fronteras, tomaron decisiones estratégicas. Nosotros necesitamos una visión de Estado sobre bioseguridad, no medidas parciales”, advierte.

Last modified: 20 de mayo de 2026
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