Written by 14:27 Medio Ambiente

MAMÍFEROS DE LA ESTEPA ALTO-ANDINA

Columna por: Jonathan Guzmán Sandoval, jguzman@udec.cl 

Jefe Unidad Investigación y Postgrado Campus Los Ángeles
Académico del Departamento de Ciencias Básicas
Escuela de Educación UdeC
Campus Los Ángeles. 

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Muy cerca de la frontera con Argentina, donde termina el camino y comienzan las planicies que se extienden tras el volcán Antuco y la Sierra Velluda, se encuentra un paisaje poco conocido y escasamente estudiado: la estepa altoandina de la comuna de Antuco. 

Este rincón del Biobío, a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, combina extensas planicies de vegetación baja, matorrales resistentes y, en algunas laderas, pequeños relictos de bosque dominados por ñirres, una de las pocas especies arbóreas capaces de resistir estas condiciones. Más arriba, la vegetación se vuelve aún más austera, conformada por matorrales espinosos y pastizales de altura, adaptados al viento, al frío y a la escasez de agua. Un entorno extremo, donde la vida se abre paso silenciosa y resiliente.

Desde 2024, este lugar se ha transformado en el escenario de un proyecto interdisciplinario que busca conocer la fauna de mamíferos e insectos de la zona, como parte de una iniciativa financiada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VRID). 

A través de cámaras trampa y observación en terreno, ya se han documentado registros muy interesantes en la zona, donde destacan especies como el zorro culpeo, el puma y la vizcacha entre los meso mamíferos. A ello se suman al menos cinco especies de roedores nativos de los géneros Abrothrix, Loxodontomys, Phyllotis, además de un par de especies aún no determinadas ni citadas previamente para la zona, lo que da cuenta del valor biológico de este ecosistema poco explorado. 

Pero más allá de hacer un simple listado de especies, la investigación busca entender qué función cumplen estos mamíferos dentro del ecosistema: ¿qué comen?, ¿participan en la dispersión de semillas y/o esporas?, ¿cómo su morfología varía en respuesta a las condiciones extremas del lugar? En paralelo, se están inventariando insectos y reptiles del sector, que también revelan aspectos clave del equilibrio ecológico del territorio. 

La iniciativa es liderada por el Dr. Jonathan Guzmán (quien suscribe), con la colaboración de los docentes Dr. Fabián Cifuentes y el Dr. Jorge Rojas Bravo. Una parte esencial del proyecto la llevan adelante estudiantes tesistas de pregrado, quienes participan del trabajo en terreno, generando aprendizajes significativos desde la experiencia directa con la biodiversidad local. A la fecha, dos estudiantes de la carrera de Pedagogía en Ciencias Naturales y Biología (Ignacio Reyes y Fernanda Urra) ya se han titulado con tesis desarrolladas en esta zona, y otras tres personas se encuentran desarrollando sus trabajos en el marco de esta misma línea de investigación: ellos son Catalina Cariaga, Diego Manríquez y Janis Espinoza. Su compromiso y entusiasmo ha sido clave para el desarrollo del proyecto, aportando no sólo en los duros trabajos en terreno, sino también en análisis y sistematización de la información.

El proyecto contempla una segunda etapa, enfocada en la divulgación y educación ambiental, que buscará compartir estos hallazgos con la comunidad local mediante charlas escolares y actividades de sensibilización en colaboración con personal de CONAF y organizaciones comunitarias. 

A pesar de estar en plena Región del Biobío, este sector altoandino sigue siendo una especie de “laboratorio natural” que apenas comienza a ser explorado. Un sitio donde cada nueva pista —una huella, una imagen, un insecto desconocido— puede convertirse en un hallazgo valioso. Y donde el trabajo científico, la formación universitaria y el compromiso territorial se cruzan para abrir ventanas hacia un mundo silvestre que aún tiene mucho por mostrar.

Last modified: 20 de mayo de 2026
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