La Dra. Magdalena Jensen Castillo estudia cómo los entornos alimentarios (supermercados, ferias y negocios de barrio) inciden en la alimentación de las personas y en la aparición de enfermedades crónicas, aportando evidencia científica para orientar políticas públicas hacia comunidades más saludables y sostenibles.
Por: Carolina Vega Artigues, periodista Facultad de Ingeniería cvegaa@udec.cl
Imágenes: gentileza Departamento de Ingeniería Civil Industrial
¿Cómo influye el lugar donde vivimos en lo que comemos? Esta pregunta guía la investigación liderada por la Dra. Magdalena Jensen Castillo, académica del Departamento de Ingeniería Civil Industrial de la Facultad de Ingeniería UdeC, quien junto a su equipo analiza cómo las características de los barrios determinan la disponibilidad y accesibilidad de alimentos saludables, y cómo estos factores condicionan la salud de sus habitantes.
“Los entornos alimentarios representan la relación de cada uno de nosotros con el sistema alimentario. Características como la disponibilidad y accesibilidad de alimentos en nuestro entorno cercano son elementos importantísimos que nos ayudan a identificar en qué categoría de entorno las personas se desenvuelven”, explica la investigadora.
Es importante destacar de este estudio la incorporación de una mirada local y cotidiana, considerando el rol de los almacenes y negocios de barrio como actores centrales del ecosistema alimentario.“Esto busca reflejar una realidad mucho más cercana al día a día de los consumidores, donde estos negocios tienen un rol preponderante para muchas personas, ya que no solo se compra en ferias o supermercados”, puntualiza.
Mapeo de los entornos alimentarios
La investigación clasifica los barrios según el tipo de alimentos predominante en sus puntos de venta, distinguiendo tres categorías:
- Oasis alimentarios, donde abunda la oferta de productos frescos y saludables como frutas, verduras o carnes magras.
- Pantanos alimentarios, donde los productos ultra-procesados superan ampliamente a los alimentos saludables.
- Desiertos alimentarios, sectores donde el acceso a alimentos frescos y nutritivos es escaso o inexistente.
“En nuestra investigación realizada hace unos años en la comuna de Coronel, observamos que la mayoría de los barrios corresponden a pantanos alimentarios, con una amplia presencia de comida poco saludable, fenómeno directamente relacionado con mayores tasas de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión”, detalla Jensen.
Actualmente, la académica continúa desarrollando este estudio en el marco del Laboratorio de Aprendizaje Vivencial (UCO2495), una iniciativa que busca mapear los entornos alimentarios en los barrios aledaños al Campus Concepción de la Universidad de Concepción y promover el aprendizaje activo de los estudiantes en terreno.
De esta manera, el proyecto combina docencia, investigación y vinculación con el medio, integrando a estudiantes de la asignatura “Cambio Climático y Sistemas Alimentarios” en el levantamiento de datos junto a vecinos y vecinas de la comunidad.
El equipo recopila información sobre los puntos de venta (negocios, supermercados, cafeterías y restaurantes) y procesa los datos mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG) y herramientas digitales que permiten visualizar, de forma georreferenciada, las brechas y oportunidades en el acceso a alimentos saludables.
Esta metodología no solo genera evidencia científica, sino también una experiencia de aprendizaje transformadora para los estudiantes, quienes participan activamente en la generación de conocimiento con impacto social.
Salud, sostenibilidad y políticas públicas
El trabajo de la Dra. Jensen se sitúa en la intersección entre salud pública, desarrollo territorial y sostenibilidad frente al cambio climático, aportando una mirada integral desde la ingeniería industrial hacia los desafíos alimentarios contemporáneos.
“Los entornos alimentarios menos saludables han sido vinculados con una mayor incidencia de enfermedades crónicas. Nuestros resultados georreferenciados permitirán tomar decisiones basadas en evidencia para mejorar la salud y el acceso a alimentos frescos en nuestros barrios”, señala la investigadora.
Más allá de los resultados académicos, este proyecto busca incidir en políticas públicas locales y nacionales, y contribuir a un cambio cultural: entender que la alimentación saludable no depende únicamente de las decisiones individuales, sino también de las condiciones del entorno en que las personas viven.
Last modified: 20 de mayo de 2026
