¿Cómo la astronomía contribuye al estudio sobre el calentamiento global? Los radioastrónomos estudian el vapor de agua atmosférico, porque interfiere con sus observaciones en ondas milimétricas. Sin embargo, ese mismo conocimiento aporta hoy a comprender y predecir el calentamiento global.
Por: Bárbara Iraira Martínez, periodista Departamento de Astronomía UdeC biraira@udec.cl
Fotografías: Bárbara Iraira y Esteban Donoso
En el altiplano chileno, a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar, los radioastrónomos estudian el universo desde algunos de los cielos más secos del planeta. Allí, donde el aire es tan delgado que apenas contiene vapor de agua, telescopios como ALMA y APEX observan galaxias lejanas y los orígenes del cosmos. Pero esa misma sequedad que favorece la astronomía, guarda una clave para comprender el cambio climático en la Tierra.
El vapor de agua es un gas de efecto invernadero fundamental. Aunque invisible, regula la temperatura del planeta y amplifica el calentamiento producido por otros gases como el dióxido de carbono. Medirlo con precisión es un desafío enorme: los satélites entregan datos globales, pero con resolución limitada, y las observaciones terrestres son escasas. En ese vacío de información, la experiencia de la radioastronomía chilena ha comenzado a jugar un papel inesperado.
Del cielo profundo al clima terrestre
Los radiotelescopios milimétricos, como los que operan en el desierto de Atacama, deben corregir constantemente la interferencia que causa el vapor de agua en la atmósfera. Para hacerlo, registran de manera continua su cantidad y variaciones. El telescopio APEX, por ejemplo, mide el contenido de vapor de agua cada minuto desde 2006; y ALMA, con sus 54 antenas, lo hace cada pocos segundos desde 2010.
Estos registros, originalmente creados para mejorar observaciones astronómicas, constituyen una base de datos única sobre el comportamiento atmosférico en zonas extremas. Y ahora, investigadores del Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción, a través del laboratorio CePIA y en colaboración con el Núcleo Milenio TITANs y el centro CATA, los están utilizando para estudiar el calentamiento global. Este proyecto global cuenta con tres ramas: comparar datos terrestres y satelitales; la creación de nuevos instrumentos y el aporte de las observaciones de la ciudadanía a la ciencia.
Comparación de mediciones terrestres con datos satelitales
El objetivo es verificar cuán precisos son los datos de vapor de agua atmosférico que entregan las bases satelitales internacionales (como MERRA-2 de la NASA).
Para ello, se comparan mediciones directas desde observatorios en tierra con los valores satelitales. Hasta ahora se analizaron 10 años de datos de 5 sitios (dos en Chile: APEX y VLT) y los otros en Alemania, Antártica y Hawái, donde se encontraron diferencias sistemáticas entre los valores del suelo y los satelitales. El siguiente paso es entender por qué existen esas diferencias, ya sea por condiciones locales, calibraciones o modelos atmosféricos, y corregir las bases de datos globales.
Monitores infrarrojos hechos en UdeC
La investigación ha impulsado además el desarrollo de nuevos instrumentos. Ingenieros y astrónomos del CePIA están creando monitores infrarrojos de bajo costo, capaces de estimar el contenido de vapor de agua midiendo la radiación térmica del cielo. Fabricados en la propia UdeC, estos dispositivos han sido probados con éxito en bases antárticas chilenas y en el telescopio APEX. El mismo equipo CePIA está desarrollando también espectrómetros de alta precisión, para medir con exactitud la cantidad de vapor de agua, incluso en las condiciones más difíciles. Por ejemplo, donde hay nubes o en zonas costeras.
Ciencia ciudadana
El proyecto también busca conectar ciencia y comunidad. A través de la iniciativa “Midiendo el Vapor de Agua”, financiada por ANID, estudiantes de colegios de todo el país utilizan termómetros infrarrojos de mano para registrar la temperatura del cielo y estimar su contenido de vapor. Los datos son luego comparados con los modelos satelitales, acercando a niñas, niños y jóvenes a la ciencia del clima y a la astronomía aplicada.
El impacto formativo se extiende más allá del país: varios exintegrantes del proyecto continúan sus carreras en programas de doctorado y postdoctorado en centros de investigación de Estados Unidos, Alemania, Suiza y Sudáfrica.
Una nueva mirada desde la astronomía
Lo que comenzó como una tarea técnica (medir la humedad del aire para observar mejor el universo) se ha transformado en una herramienta para comprender la atmósfera terrestre. Desde el altiplano chileno hasta los polos, los datos y tecnologías desarrolladas para explorar el cosmos están ayudando a entender cómo evoluciona el clima en nuestro propio planeta.
En palabras simples, la astronomía vuelve la mirada hacia la Tierra, demostrando que el conocimiento del universo también puede iluminar el futuro del medioambiente.
Last modified: 20 de mayo de 2026
