Written by 22:43 Salud

MUCHO MÁS QUE UNA AGÜITA

El boldo es un árbol endémico de Chile que ha sido usado desde la época precolombina con fines medicinales. Hoy, la biotecnología analiza cómo mejorar la producción de su principal compuesto, la boldina.

Por: Soledad Toledo Cabrera, periodista VRID UdeC / lucabrer@udec.cl
Imágenes: Gentileza Dr. Rodrigo Hasbún
Read in English

“El boldo es la especie nativa con fines medicinales más estudiada de Chile”, comenta el Dr. Rodrigo Hasbún Zaror. Este árbol endémico de nuestro país, de muy lento crecimiento, ya era utilizado por los humanos hace casi 14 mil años, como evidencia su hallazgo en el sitio arqueológico de Monte Verde, cerca de Puerto Montt. Sus hojas, frutos y corteza, han sido utilizados para tratar problemas gástricos y otras enfermedades. Por esto, la ciencia se interesó en sus características: “Se ha estudiado para el combate de distintas enfermedades; es enorme la cantidad de estudios que han demostrado los efectos positivos del boldo y de la boldina, un compuesto muy interesante porque actúa como antioxidante”, explica.

Las hojas y la corteza que hoy se comercializan son recolectadas de los bosques esclerófilos del centro-sur del país. Pero pese a sus probados beneficios y a la exportación hacia Europa o países como Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil, es un árbol que se cultiva poco. “Ha habido iniciativas de cultivo de boldo, pero el incentivo es reducido”, explica el académico del Departamento de Silvicultura de la Universidad de Concepción. Otras especies resultan más rentables y, sobre todo, más fáciles de cultivar: “La semilla del boldo es recalcitrante, no es tan simple producir plantas a partir de semillas, la tasa de germinación es baja”, apunta el Dr. Hasbún, lo que además complica las tareas de restauración de estos bosques.

En general, el boldo se vende para hacer infusiones, o para aromatizar el mate. Pero las agüitas de boldo y otras hierbas tienen un problema: no se puede determinar cuánta dosis se está consumiendo efectivamente del compuesto benéfico. “Puede que sea una dosis muy baja o, al contrario, muy alta, y una sobredosis de cualquier compuesto medicinal puede traer problemas”, advierte el académico. En el caso de la boldina, además, pese a que está presente en las hojas, sus mayores concentraciones (hasta 40 veces más) se encuentran en la corteza del árbol.

Por eso llama la atención cuando Alemania o Estados Unidos se interesan por comprar corteza de boldo. “Hay países que están extrayendo la boldina y ya están estudiando su uso en medicamentos. Pero no podemos exportar corteza en grandes cantidades porque eso significaría destruir los pocos boldales que quedan, y no es un árbol que podamos recuperar con facilidad”.

La biotecnología al rescate

Frente al creciente interés por la boldina y la necesidad de un aprovechamiento más sustentable del boldo, el Dr. Rodrigo Hasbún relata que en 2019 comenzaron una colaboración con el Instituto Forestal (INFOR), representado por el investigador Jorge González Campos, con el objetivo de cultivar células de Peumus boldus en condiciones in vitro. Esta alianza dio sus frutos en 2023, cuando lograron producir boldina mediante este método. “Creímos que la biotecnología podía aportar a un uso más sustentable del boldo y a la producción de boldina sin afectar al bosque nativo”, señala Hasbún. En el marco de un proyecto Fondef IDeA, se avanzó en el establecimiento del cultivo celular y la producción in vitro del compuesto. “Este enfoque permitirá generar grandes cantidades de células de boldo capaces de sintetizar boldina, lo que posibilita escalar el proceso sin necesidad de intervenir los ecosistemas naturales”, explica.

A partir de ese primer logro, el equipo ha continuado cultivando las líneas celulares desarrolladas durante el proyecto Fondef, finalizado en enero de 2023. En paralelo, se generaron nuevas líneas celulares como parte de la tesis doctoral de Natalia Avilés Kruuse, las que fueron llevadas a España para su caracterización genómica y el estudio detallado de las rutas metabólicas involucradas en la síntesis de boldina. La idea es avanzar hacia la siguiente etapa. “Queremos pasar a la aplicación, para lo que postulamos a un proyecto Fondef IT. Nos asociamos con tres empresas de industria cosmética y alimentaria que trabajan con boldo y boldina”, explica Hasbún. Dado que la boldina es sensible a factores ambientales como la luz y el calor, se pretende utilizar una tecnología previamente desarrollada para encapsularla y protegerla.

¿Y si miramos qué hay en los genes del boldo?

“Hemos trabajado mucho tiempo en genómica, para encontrar claves que ayuden a la conservación de especies, o mejoramiento genético, o desarrollo de variedades”, señala el Dr. Hasbún. Este trabajo se hacía utilizando un número reducido de marcadores moleculares, pero desde hace aproximadamente cinco años, se estudian genomas enteros, que resulta más eficiente al poder acceder a toda la información codificada en el ADN de una especie. “Para estudiar el boldo necesito un mapa, y el mapa es el genoma”.

El investigador explica que el siguiente desafío es optimizar el proceso. ¿Qué se necesita para que cada célula produzca una mayor cantidad de boldina? “Necesitamos conocer toda la ruta biosintética de la boldina, qué es lo que desencadena su producción, entender porqué se produce más boldina en la corteza y menos en las hojas”. Al respecto, explica el Dr. Hasbún que una de las hipótesis es que la boldina sería un protector UV. “La corteza está expuesta a mucha radiación, quizás por eso se acumula ahí, pero no se ha demostrado. Eso es parte de lo que queremos descubrir, analizando el genoma del boldo”, concluye. 

Last modified: 29 de agosto de 2025
Close